Primer trimestre de embarazo: Riesgos maternos y ambientales

Primer trimestre de embarazo: "Riesgo maternos y ambientales asociados a labio y paladar hendidos en el bebé"



"El consumo de alcohol y el contacto con agentes químicos durante el primer trimestre del embarazo aumentan el riesgo de desarrollar labio y paladar hendidos"



El labio y el paladar hendidos (LPH) son los defectos craneofaciales de nacimiento más comunes en el ser humano, por falta de unión entre los procesos faciales embrionarios en formación. Las fisuras del paladar primario y las de la cara ocurren en el periodo embrionario, a partir de la sexta semana de vida intrauterina, mientras que las hendiduras del paladar secundario ocurren a partir de la octava semana. Las áreas más afectadas son el labio superior, el reborde alveolar, el paladar duro y el paladar blando. Se presenta más en niños que en niñas. Las personas afectadas enfrentan dificultades para alimentarse, así como en el habla y la audición, además de sufrir problemas dentales. La incidencia de dichas malformaciones en países latinoamericanos es: hendidura del labio y paladar, uno por cada 1,300 nacimientos; hendidura del labio, uno por cada 1,000; y la fisura del paladar, uno en 2,500.

Un estudio realizado por la Facultad de Odontología de la Universidad Autónoma de Baja California, México, demostró que el consumo de alcohol por la madre durante el primer trimestre del embarazo incrementa el riesgo de que el recién nacido padezca LPH. Así como, una amplia gama de discapacidades físicas, alteraciones del comportamiento y problemas neurocognitivos. El patrón y la gravedad de estos efectos dependen de la dosis, el momento, la cantidad de veces y la duración de exposición al alcohol a través del desarrollo fetal. El daño inducido por el alcohol varía entre los tipos de células y tejidos. El alcohol es un teratógeno reconocido.



De la misma manera, el contacto con agentes químicos aumenta el riesgo de presentar malformaciones craneofaciales. Varios disolventes clorados, como tetracloruro de carbono, cloroformo, cloruro de metileno y tricloroetileno, ampliamente utilizados como disolventes para los procesos industriales, como el desengrasado de metales y limpieza en seco, y para la producción de productos farmacéuticos, pesticidas, adhesivos y refrigerantes. Estudios epidemiológicos muestran la relación entre la exposición de la madre a varios solventes clorados y malformaciones congénitas en sus hijos, observándose además del labio hendido con o sin paladar, espina bífida, defectos de las extremidades y defectos cardíacos.

Estas malformaciones del desarrollo pueden repararse con múltiples cirugías craneofaciales

y dentales; después de las intervenciones, los pacientes con frecuencia necesitan terapia de habla y audición.


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